Un tazón de chocolate caliente

Me gusta el chocolate a la taza, en tableta, con churros, con pan tostado, con bollo suizo, con curasán, por la mañana, por la tarde y por la noche.
Alrededor de una tazón de chocolate caliente las historias y los relatos toman forma, color, olor, sabor, y los cuentos resultan extraños a veces, otras cercanos.
El aroma del chocolate envuelve el ambiente y lo convierte en espectáculo y cuando suena el tercer aviso se levanta el telón y comienza la función.

jueves, 1 de marzo de 2012

La vida se vuelve rutina




El teléfono, el ordenador y los folios,  el cigarro, el café y la copa,  el bar, el mostrador y el barman, ingredientes de un espectáculo que se repite sin cesar por la mañana, la tarde y la noche.  
La vida se vuelve rutina por mucho que intentes verla de forma distinta, sin saborear el café, sin disfrutar de la copa, sin aspirar el humo del cigarro. 

martes, 21 de febrero de 2012

ÉRASE UNA VEZ


Si quieres que te cuente un cuento calla y escucha:

“Érase una vez un rey que tenía dos hijas, una era guapa, la otra no tanto, una era dulce y bondadosa, la otra revoltosa y tosca.
A Rosalinda, la bella y dulce princesa, le gustaba la música, cantaba tan bien que hasta el viento se detenía en su ventana para escucharla.
Rosalinda guardaba un secreto, por la noche, cuando todo el mundo dormía, bailaba descalza sobre las frías baldosas de su habitación.
A Tremebunda, la revoltosa y tosca princesa lo único que le gustaba era cazar y nadar en el río.
Tremebunda también guardaba un secreto, por las noches le gustaba mirar las estrellas y soñar que viajaba a la luna.
Cuando dejaron de ser niñas el rey pensó que  debía de casarlas, él ya estaba mayor y su reino necesitaba un descendiente, así que publicó un bando por el mundo entero ofreciendo una fortuna por casarse con cada una de sus hijas.
Poco a poco fueron llegando  gentes de todas partes.  Farolillos, banderitas, y flores adornaban los alrededores. Vendedores ambulantes, mercaderes venidos de más allá del horizonte y comediantes se congregaron alrededor del palacio.
La víspera de las presentaciones el rey llamó a las dos princesas, éste les puso bien clara la situación: o se casaban o tendrían que emigrar, y en el caso de que sucediera esto último el reino pasaría a formar parte del país vecino, con el que siempre estaban en conflicto.
Compungidas las dos princesas, sabedoras que lo que decía su padre era la auténtica y única verdad que le habían escuchado decir en los últimos años, tomaron en secreto la decisión de elegir  ellas al pretendiente ideal, sabiendo que entre todos aquellos extraños que venían a pedir su mano no se encontraba el príncipe azul con el que habían soñado.
Conforme los iban llamando, los pretendientes, curriculum en mano,  leían unos versos dedicados a una u otra princesa y pasaban a ocupar un lugar en la tribuna de invitados.
Aburridas, Rosalinda y Tremebunda bostezaban sin ningún pudor, aquella situación les resultaba aburrida e incómoda. Su padre, que las conocía demasiado, les había atado al asiento para que no escaparan.
Una vez oídas todas las presentaciones pasaron a un gran salón, unos criados con librea iban sirviendo suculentos platos y poniéndolos encima de las mesas preparadas para celebrar tan grato acontecimiento.
El rey y la reina presidían la mesa, a su izquierda Rosalinda y a su derecha Tremebunda, alrededor suyo los pretendientes luchaban entre ellos por estar al lado de cualquiera de las dos princesas.
Todos hablaban de las cualidades y defectos de Rosalinda o de los bruscos modales de Tremebunda. Sin embargo ellas no mostraban ningún interés por aquellos caballeros que, alentados por una cifra millonaria de maravedíes, habían llegado hasta allí pensando hacer fortuna con cualquiera de las dos.
La situación no era nada de gratificante y menos teniendo en cuenta que ninguno  había declarado en su currículum el amor por la música, la caza o cualquier otro tema relacionado con la belleza que inspira la luna llena, o un árbol repleto de manzanas.
Así las cosas, la cena iba acabando, ellas debían de elegir, el rey les preparaba una sorpresa, y todo el mundo esperaba impaciente el final de aquel espectáculo en el que un rey rifaba a sus hijas con la intención de que su reino no desapareciera.
Y llegó la sorpresa, un elenco de bailarinas y danzaris aparecieron en escena. Al compás de un vals los danzantes se movían sobre la pista como peonzas en una mesa de ajedrez.
Los invitados se quedaron atónitos cuando las dos princesas salieron al escenario y se perdieron entre los acordes de la música dejándose llevar por los bailarines, que, ágiles como garzas, las sacaron de allí.
El desolado rey tiró la mesa, expulsó a los pretendientes, desterró a la reina y se quedó sin reino. “

domingo, 22 de enero de 2012

EL ROBO


El ascensor paró en el  tercer piso iluminando el rellano de la escalera. Mari y Eduardo acababan de llegar a casa. Impaciente por abrir la puerta el hombre sacó un manojo de llaves que guardaba en el bolsillo de la gabardina.
-¿Y la niña? -Preguntó Eduardo mientras elegía la llave.
-Silvia se ha ido al pueblo de su amiga Puri a pasar el fin de semana, hasta el domingo no vendrá.-Contestó Mari guardando los guantes en el bolso.
-Echaré de menos sus besos -Eduardo sentía un amor infinito hacia su hija.
Satisfecho por haber dado con la llave la introdujo en la cerradura. Al girarla se dio cuenta que algo no iba bien.

-Yo cerré la puerta con llave al marcharme -pensó en voz alta.
- Pasa algo? -Preguntó Mari
-No, nada, es que alguien ha entrado en casa antes que nosotros. Precisamente hoy hemos estado hablando en la oficina, Julián me ha dicho que últimamente está habiendo muchos robos en las casas.
-No digas tonterías Eduardo, quién va a querer entrar en esta casa si no hay nada de valor, lo ves, no hay nadie.
Al encender la luz el recibidor se iluminó, todo estaba correcto.
Eduardo suspiró con alivio. Sin embargo, Mari supo enseguida que algo había pasado. La primera habitación que abrieron fue el cuarto de la niña, estaba desordenado como siempre,   la cama sin hacer, los libros y los apuntes por el suelo, en la mesita de noche una novela policíaca de Agatha Christie y, ¡cómo no!, el móvil olvidado encima de una silla. Nada hacía pensar que allí hubiera pasado algo.
El ruido de los tacones de Mari retumbaban  a lo largo del pasillo y el eco devolvía sonidos misteriosos que hacían erizar el cabello y tensar las manos de Eduardo.
Pasaron por la cocina, de un vistazo Mari comprobó que todo estaba en su sitio, pero faltaba algo. No le dio tiempo a pensar qué era lo que hacía que la cocina no fuera la misma que ella había dejado antes de salir de casa. Porque en el preciso momento en que Eduardo entraba en el cuarto de estar gritó:
- ¿Dios mío, qué ha pasado aquí? ¡Mari ven!
En la habitación  todo estaba revuelto, como si se hubiera desencadenado una batalla campal, el jarrón de la mesa hecho añicos y las flores desparramadas por un riachuelo de agua formado al estrellarse contra el suelo. El retrato de bodas, caído boca abajo como un mal presagio, yacía entre montones de revistas. Unas sombras oscuras hacían parecer vulgar una alfombra de seda que cubría el parquet transformándola en una estera de portal.
Mari gritó horrorizada, instintivamente comenzó a recoger los trozos de cristal, las flores marchitas, el retrato de bodas y regresó a la cocina.
-Eduardo, nos han robado cincuenta euros, sentenció mientras depositaba en el cubo de basura los restos del vendaval.
-Estás segura? Preguntó Eduardo incapaz de moverse.
-Sí, yo había dejado el dinero en el cenicero, le iba a pagar a Cati lo que le debía.
-¿Has mirado en el armario de nuestro cuarto?

Mari salió corriendo hacia su habitación, abrió el armario, no había huellas extrañas, ni olores raros. Abrió el cajón de la cómoda, las joyas estaban en su sitio, el reloj de su padre, los pendientes de su abuela, la pulsera de casada, el collar de su hermana…
-Todo está en orden.
-En la fregadera hay un vaso -comprobó Eduardo- ¿Y si ha sido Cati? Te he dicho mil veces que no hace falta que venga nadie de fuera a limpiar la casa.
- Pero por qué piensas que ha sido ella?
- Y quién si no
- Porque ella no es capaz de hacer este destrozo
-No tiene por qué haber sido ella. No dices que a su marido le gusta mucho el dinero?
-Pero eso no tiene nada que ver. Cati es muy honrada
-Bueno, pues quien sea menudo chandrío nos ha hecho
-Llama a la policía, dijo Mari con resolución.
Eduardo cogió la guía de teléfonos
-No encuentro el número,
- Pues llama al 112, le contestó Mari nerviosa
- El teléfono no funciona, dijo Eduardo cuando lo descolgó.
- Vaya por Dios, es que hoy todo va a salir mal? Coge el  teléfono de nuestro cuarto
- También puedes llamar por el móvil.

Fue en ese momento, un portazo les hizo despertar y volver a la realidad.

- Hola mami, hola papi-gritaba Silvia desde la entrada.

Un perro grande y marrón con las orejas tiesas entró como una bala en la estancia y se avalanzó sobre Eduardo que cayó sentado en el sofá, el perro comenzó a lamerle la cara. Aprisionado por las patas del perro sentía como si le hubieran caído encima cuarenta sacos de patatas, hacía aspavientos con las manos intentando zafarse de los lametazos sin ningún resultado.
Silvia dejó las llaves y la correa en el cenicero de la cocina. Se quitó el abrigo y abrazó a su madre.
-Es iordi, el perro de Puri. Me ha pedido que se lo cuidemos el fin de semana. A su abuela la han ingresado y su madre tiene que cuidarla. Ah, por cierto, te he cogido cincuenta euros para comprarle comida y unas cuantas cosas más, es para que el perro se encuentre bien en esta casa.
Después llamó a iordi, cogiéndole de las orejas le zarandeaba. Eduardo podía respirar tranquilo.
-Entonces este destrozo…? Balbuceó la madre…

martes, 29 de noviembre de 2011

Recordando


Una vez oí decir a mi abuela que cuando uno se muere pasa a formar parte de una lista. Conforme una persona deja este mundo ya hay otra dispuesta a ocupar su lugar. También decía que no importaban las estaciones, ni el día, ni el año, lo importante era no parar la cadena. A mí me tocó nacer en la década de los cincuenta. 


No hay en mis recuerdos ninguna lista, ni ningún viaje del más allá para acá, ni tan siquiera recuerdo el vehículo que me transportó a la casa.Pero lo que decía mi abuela iba a misa.

Debí de nacer con los ojos bien abiertos para no perder detalle, porque recuerdo un portal con las puertas de hierro pintadas de negro, el cuarto de la portera y el ascensor. Subí deprisa por unas escaleras oscuras y estrechas. Cuando llamé, una voz dulce y sonriente me cogió en sus brazos, me abrazó, me acunó y me dio calor.

En aquella casa de seis pisos la familia más numerosa era la nuestra: siete hermanos, más el padre, la madre,  a veces la tía, también la modista. Todos cabían en aquella casa que se estiraba y se encogía según el personal que pasara por ella.

 Siempre  llamó mi atención que nadie nos hablara de los desastres de la guerra. Ese tema era tabú, vivíamos ajenos a todo cuanto pasaba fuera de nuestra casa. Protegidos de todo mal ignorábamos la realidad de las cosas. La mirada triste y perdida de la gente, el no saber qué pasaba en el mundo de los mayores resultaba frustrante e inquietante, porque hacía del mundo una cárcel y de la vida un sufrimiento contínuo.

 Entonces era fácil soñar, inventando un mundo de TBO intentábamos llenar un espacio que estaba repleto de fantasías, un lugar, nuestra imaginación, donde no había cabida para ninguna cosa real.

 Vivíamos cerca de los “Caídos” (hoy plaza del Conde de Rodezno), allí íbamos a jugar a guerricas, a pelear contra los dragones de siete cabezas y a salvar a las princesas desvalidas y ñoñas que estaban en manos de los malvados.

 Pamplona terminaba justamente ahí, detrás sólo había campo, ovejas pastando y las siluetas de los montes arropando la ciudad.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Los zapatos

- A quién se le ocurre comprarse unos zapatos con semejante tacón.
- Solamente a mí.
- No vas a llegar ni a la vuelta de la esquina.
- A lo mejor sí
- ¿Pero no te das cuenta que apenas si puedes dar dos pasos con ellos?.
- Es que me gustan los zapatos altos.
- Los zapatos altos son para gente que los puede llevar, pero tú andas siempre con zapato bajo y sin tacón.
- Ya, pero es que los vi en el escaparate de la tienda.
- En el escaparate de la tienda, bobadas, hay muchos escaparates y muchas tiendas,
- Como esa no
- Pues como en cualquier tienda,
- No, como en cualquier tienda no,
- Pues yo no sé qué tiene de especial esa tienda,
- ¿No me digas que no te has dado cuenta?,
- Que no, que en esa tienda los zapatos están expuestos como en todas las demás,
- En todas las tiendas de zapatos exponen zapatos de tacón bajo, con medio tacón, con tacón alto y con super tacón, pero esta tienda tiene algo especial, algo que hace que los zapatos, cuando me quedo fijamente mirando, llamen mi atención,
- Anda ya, que deliras, más te valdría dejar los pájaros en la jaula
- No deliro, ¿no te has parado a pensar los sueños que se pueden tener con unos zapatos? ¿y por qué no intentar que los sueños se hagan realidad?
- Y los sueños, sueños son,
- ¿Por qué yo no puedo llevar unos zapatos con ese tacón tan alto?
- Pues está más claro que la luna, porque en el momento en que des dos pasos, te retuerces el pie, te caes, y hala cuatro meses de baja.
- Que exagerada, tampoco es para tanto, yo me los pongo, si veo que no los puedo llevar me los quito, pero mientras tanto he conseguido que un sueño se haga realidad.
- ¿Y cuándo vas a dejar de hablar contigo misma?
- Cuando deje de contestarme

lunes, 14 de noviembre de 2011

La nostalgia me atrapó.


Qué más quisiera yo que tenerte de nuevo en mis brazos, 
vigilar tu profundo sueño y escuchar de nuevo tu voz.

Qué más quisiera yo que gritar al silencio, 
que el tiempo se pare, que no avance más.


 Mirar hacia atrás, 
volver y encontrarte jugando,
 leyendo mis cuentos y escuchando mi voz.

Qué más quisiera yo que amarrarte a mi vida 
y no dejarte escapar.

Pero te salieron alas y desafiante te has ido
a buscar otros mundos
 y hacer realidad tu vivir

 y en tu cuarto, una mesa vacía,
una silla sin voz, 
el silencio se hizo eco,
 la nostalgia me atrapó.



domingo, 13 de noviembre de 2011

Ahora no quiero nada


Que vienes que no vienes,
que llegas o que vas,
 no te aclaras, no te veo,
te escondes y ya está.

Quise llegar hasta el cielo
y saltar el mar sin mojarme, 
quise cruzar el tiempo y soñar.

Quise voltear las estrellas,
sumergirme en el fondo del mar, 
cruzar el horizonte sin rumbo,
tener lo que no tengo ya.

Cuántas veces en mis noches blancas me quedé sin respirar, 
me ahogué en la penumbra sin saber que había un túnel 
con una luz blanca que me llamaba sin cesar.

Si tienes, porque tienes,
si no tienes, que más da, 
lo importante es saber
que la vida no da para más.

Tú te escondes, yo te busco, 
tú te pierdes, yo te encuentro,
tú sueñas, yo despierto, 
tú lloras, yo me río,
 tú me quieres, yo te ignoro.

Tú me ignoras, yo te busco,  
yo te quiero y tú lo sabes,
tú me quieres, yo lo sé, 
tú te escondes, yo te busco,
 tú te pierdes, yo te encuentro, 
tú sueñas, yo también.

Ahora no quiero nada,
sí, sí quiero:
mirar las estrellas que bailan en el mar, 
imaginar el mar que navega por el cielo, 
entrever el sol en las nubes,
descubrir la orilla en el mar, 
dibujar espejos de arena, 
cabalgar con las olas y 
buscar en mi alma el silencio. 

Ahora no quiero nada,
solamente la quietud.